Costa Rica lo hizo antes: creamos un país para el bienestar colectivo y el progreso social.
Institucionalizar la solidaridad y humanizar las empresas, esas fueron las promesas. Hoy tenemos otros retos y debemos dar nuevos pasos juntos, hacia el emprendimiento con propósito y la innovación política y social. En las dos cartas anteriores, a las organizaciones y a las personas, compartí un mensaje de motivación para que las empresas sean espacios de formación continua y que los individuos cultivemos la Inteligencia Emprendedora, esa que combina habilidades técnicas y blandas, una mentalidad de crecimiento y crear equilibrio entre mente y corazón, conocimientos y pasión.
Calzar al campesino, dar de comer en la escuela al niño, este fue el ideal que nos ayudó a caminar un sendero nuevo en el que más personas pudieran transitar y soñar. Este impulso visionario que heredamos nos convirtió en el país que mejor traduce el desarrollo económico en bienestar social. Las naciones del mundo ven en Costa Rica hoy un faro de esperanza para el cambio global. Desarrollo humano, felicidad, longevidad, paz, reforestación y protección del medio ambiente, energía natural, democracia, libertad de prensa y seguridad social. Cada una de estas características nos hacen un país excepcional en el concierto internacional.
Sin embargo hay una tarea que, siendo continua, sigue pendiente: el aprendizaje, la formación, la educación de calidad para nuestra gente. Hoy por hoy, si acaso logramos graduar al 50% de los jóvenes de secundaria, según datos del Estado de la Nación. Sin habilidades técnicas y blandas, difícilmente estos costarricenses podrán optar por un puesto de trabajo formal o un oficio digno para participar en la sociedad. Ahora sus rumbos parecen ser las sendas de la violencia que el consumo de drogas y el narcotráfico engendra. Esto es un fracaso total.
Pero no todo está perdido.
Costa Rica también es un fenómeno de la innovación y el emprendimiento con impacto a nivel mundial. En nuestra gente predomina una alta sensibilidad humana y ambiental, y hemos logrado que se manifieste en muchas áreas del eje empresarial. Hace nueve años inicié mi camino en este campo, primero como aprendiz y luego como referente regional, siendo nominado como uno de los innovadores sociales latinoamericanos menores de 35 años a seguir por MIT Review Latinoamérica. Mi rol ha sido ser un articulador y catalizador de nuevas iniciativas, conectando ideas, personas y empresas.
En aquel momento tenía la oportunidad de ser parte de un equipo excepcional de personas, emprendedores y profesores en la Academia Caricaco, una propuesta fresca para compartir conocimientos y co-crear procesos de aprendizaje para formar agentes de cambio.
Si hasta ahora aquí se ha visto como riesgo formar a la competencia, y la estrategia es guardar conocimientos, archivar información y serruchar pisos, nuestra propuesta era radicalmente distinta. Cultivábamos una mentalidad de apertura, una actitud de compartir experiencias y promovíamos la colaboración entre pares en pro del ideal del bienestar del mayor número.
El Programa Inteligencia Emprendedora era un proceso único en el país para emprender, porque mientras algunas universidades creaban carreras largas, teóricas y costosas para obtener un título, nuestra Academia se enfocaba en crear cursos accesibles, prácticos y de corta duración. El programa costaba tres veces menos que un título académico en administración de negocios y tomaba cuatro veces menos tiempo.
Durante las clases retábamos a los estudiantes a aprender haciendo y les compartíamos las herramientas que los profesores utilizábamos en nuestros propios emprendimientos. De manera tal que, si las personas ponían en práctica los aprendizajes, estaban incubando su empresa durante el proceso. No nos guardábamos nada e incentivábamos la camaradería y la comunidad.
Nos movíamos cada vez más rápido hacia esta tendencia del emprendimiento e invitábamos a todos a sumarse, en especial al Gobierno. Su apoyo para habilitar oportunidades locales e internacionales era indispensable; sobre todo necesitábamos fondos para experimentar: esa es la premisa para crear. Cada día surgían nuevos proyectos empresariales, se sentía la motivación de quienes los lideraban y el país se ponía a vibrar. La buena calidad en la formación y la guía empresarial era el diferenciador más importante cuando se desarrollaban ideas creativas de negocio.
Imaginar el país que todavía no existe
Teníamos ideas que queríamos explorar y compartíamos algunas para el diálogo inicial. Una concreta era la Academia para preparar nuevos emprendedores. Pero imaginemos un país con Centros de Producción de Valor Agregado en las zonas agrícolas, pesca sostenible y ejemplar, aceras para peatones y transporte público puntual; quizá un tren rápido o un sistema eficiente para transportar materiales.
Zonas Francas para empresas sociales locales e internacionales; seamos receptores de las personas mejor preparadas y con propósito a nivel mundial. Que nuestros Parques Industriales velen por la creación de productos que regeneren el medio ambiente y podamos apostar por una verdadera sostenibilidad global.
Volvamos a abrir INBio Parque, esta vez con un enfoque de emprendimiento centrado en la biodiversidad. Si ya dominamos la reforestación, ahora toca el coral, el océano y su conservación. Digamos adiós al plástico y a los agroquímicos, limpiemos nuestros ríos y paremos de ensuciar los mares.
Retábamos a políticos, ciudadanos y empresarios a cambiar el rumbo del consumismo y la contaminación, de la indiferencia y la agresión. Construyamos ese puerto espacial y apoyemos a ciudadanos con visión futurista e integral. Que sean muchas mujeres más liderando en empresas e instituciones, y apostemos por nuestra gente en esta Cuarta Revolución Industrial.
Lideremos la economía naranja, la verde y la circular, que la gestión cultural sea nuestra propuesta de emprendimiento sin igual.
Que lo mejor del Pura Vida inspire artistas y emprendedores del bienestar: construyamos juntos la capital mundial de la innovación social.
Nota de archivo: las cifras, referencias institucionales y afirmaciones corresponden al contexto en que el texto fue escrito en 2018 y no se presentan como datos actuales.